«Querida Matilda», escribí.
Dejé que mis palabras, todo aquello que quería decirle, fluyesen sobre el papel.
Y, cuando la tinta se secó, le entregué mi corazón al fuego.
Matilda, una diosa nacida entre las llamas del inframundo, ha sido bendecida con la noble magia de los mensajeros, por lo que es capaz de llevar cartas y secretos a través de los reinos; incluido su propio secreto: un chico mortal que aparece tan solo en sus sueños…
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