Los días de tambor eran las raras jornadas de ocio y fiesta que los amos otorgaban a sus esclavos durante ciertas fechas religiosas, como las pascuas. Julio Olaciregui, residente en París, capital negrera desde fines del siglo XVII, ha intentado captar en sus ficciones esos raros momentos de libertad creativa que nuestra propia inanidad nos otorga. El cuento corto le permite, como le gustaba a su maestro Roland Barthes, multiplicar el placer de c...