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Economía sostenible y globalización

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    De la presentación a cargo de Ósmar Correal Cabral. Como lo dice Luis Jorge Garay en su libro "Globalización y Crisis", la "globalización es un proceso contradictorio, desigual y heterogéneo de naturaleza estructural de largo plazo, que se desarrolla en las diferentes esferas de acción, expresión, reflexión y comportamiento de las sociedades internacionales: la económica, la política y la cultural". Y agrega que "si bien el proceso comprende las tres esferas como un todo, de manera integral y comprensiva, se caracteriza por la recreación de una entidad propia-diferencial de cada una de las esferas, por la diferenciación entre las dinámicas reproducidas a nivel de cada una de ellas y por la asincronía del proceso entre espacios: transnacional, multilateral, regional, nacional y local". Pero como esto es tema de los expertos convocados a este Seminario, ellos nos ayudarán a desentrañar estas afirmaciones que parecen una "jerigonza". Lo que sí quisiera destacar aquí es que en casi todos los escritos sobre globalización aparecen reciclados viejos textos de los economistas clásicos, no solo para explicar los nuevos fenómenos sino para descargarse del reato de conciencia por las consecuencias destructoras del fenómeno. En efecto, para justificar la ampliación de los mercados se echa mano de textos de Adam Smith, quien hace más de dos siglos afirmó que "la división del trabajo está limitada por el tamaño del mercado" como una condición que debía superarse para asegurar la "riqueza de las naciones" y poder así optimizar la eficiencia de los recursos productivos y aprovechar las ventajas de mercados ampliados, pero no lo dijo para justificar que los mercados grandes se coman a los mercados chicos, como en efecto ha sucedido, porque los países en vía de desarrollo aún no han logrado explotar las economías de escala de producción y comercialización. Para los países industrializados, al término de la "guerra fría", y hacia octubre del año 1973 con ocasión del shock petrolero que ocasionó la primera crisis económica importante después de la gran crisis del año 29, se agudizaron los síntomas de desaceleración de los consumos y de reducción de los mercados, era un imperativo tener acceso a mercados más amplios más allá de sus fronteras y superar las limitaciones de la demanda interna. Para justificar el desastre ocasionado por la apertura económica con miras a la globalización que se ha producido en países como el nuestro, se recurre al economista austríaco Joseph Schumpeter para explicar que era inevitable la "destrucción creativa" porque los procesos de reforma estructural afectan el crecimiento económico, en tanto que las instituciones, las empresas y los mercados tienen que buscar nuevos patrones de eficiencia y equilibrio. Para suavizar las expresiones se habla ahora de "unipolaridad" y del papel catalizador del país "hegemón", cuando en mis tiempos de estudiante de economía eso era simplemente "imperialismo económico". Lo que queda claro es que si no hubiera sido por la revolución de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, la ampliación de las facilidades de transporte y el agotamiento de modelos económicos como el de protección de las industrias y producciones nacionales, no hubiera sido posible la globalización. Además, acudiendo a otro economista clásico, David Ricardo, es evidente que las "ventajas comparativas" han tenido un papel fundamental en los procesos de liberalización económica, aunque haya producido distorsiones en la concentración del desarrollo en algunos países y la aparición de otros que antes no figuraban en los mapas del comercio internacional. Pero así como a algunos analistas les parece positivo lo que hasta ahora ha sucedido a nivel global, a otros les parece que la globalización ha generado una creciente dependencia de dos factores: del capital como poder supremo y del mercado en relación con el trabajo y con la existencia misma de los Estados-nación. Eso explica porqué se han trasnacionalizado diversas categorías del capital, se han deteriorado o desaparecido actividades económicas que se realizaban con baja intensidad de capital y tecnología, y se han desdibujado las fronteras nacionales con la bandera del libre comercio o simplemente están al borde de dolarizar o euroizar sus mercados internos, y como consecuencia de todo esto se ha deteriorado la distribución del ingreso y se ha ampliado la brecha entre los países ricos y pobres. El deterioro del ingreso se ha agudizado porque han aumentado los niveles de desempleo, especialmente en los sectores primarios, en donde no es posible competir con los productos subsidiados de los países con mayor desarrollo (algunos como J. Garay lo califica como una desagriculturización), y en las industrias en donde la productividad y la calidad están muy por debajo de los parámetros internacionales (llamada desindustrialización por el mismo autor). Lo que sí resulta interesante señalar es que en la década pasada se amplió la brecha de remuneraciones entre trabajadores calificados y no calificados, favoreciendo a los que tienen educación universitaria. El economista José Antonio Ocampo calcula que "en promedio los ingresos de los profesionales han aumentado en un 17% en relación con los trabajadores del sector formal y 26% en relación con los del sector informal". En los últimos años, a raíz de los movimientos de protesta en contra de los efectos de la globalización, ha empezado a tomar forma un nuevo modelo de "globalización democrática" opuesto al modelo de "globalización neoliberal", señalado con claridad por Mittelman J.H. en su artículo sobre "Las dinámicas de la glo-balización". Por eso han surgido y seguirán apareciendo movimientos obreros, movimientos pacifistas, movimientos ecológicos, que con el apoyo de Organizaciones No Gubernamentales ONG's lucharán contra todas las aberraciones e injusticias de este nuevo orden internacional, y propugnando por un desarrollo humano o desarrrollo integral que garantice los derechos ciudadanos, y se articule con la ya conocida tríada equidad-desarrollo-democracia, o la famosa "trinidad de Dahrendorf": democracia-cohesión social-crecimiento económico. La cuestión por resolver será no quién "gobierne la máquina" sino quién "gobernará las expectativas", según lo planteado por Pierluigi Ciocca en su libro "La economía mundial en el siglo XX". Para lograr la adaptación de nuestro país a la nueva realidad mundial se requiere una política de estado de largo plazo, y no propiamente política de los gobiernos que tienen casi siempre visiones y compromisos cortoplacistas, que sea clara, coherente y continuada, sobre la educación y la formación de recursos humanos, porque la globalización nos ha señalado que el factor competividad está asociado con la producción y acumulación de conocimientos. No hay duda de que la educación posibilita mejoría económica y movilidad social y es un sustento para la democracia en tanto que sirve para inculcar los valores fundamentales de igualdad, solidaridad y respeto a la diferencia, para poder convivir pacíficamente y participar en la construcción de una nueva sociedad. Juan Pablo Trujillo, en un artículo intitulado "Educación para la Internacionalización", que Miguel Urrutia, actual gerente del Banco de la República, incluyó en el libro "Colombia ante la economía mundial", es categórico en afirmar que "el reto de la política colombiana en la actualidad es preparar a la población para vivir en una sociedad libre y descentralizada, y para el uso de la nueva tecnología que hace posible una mayor productividad y, por tanto, mayores niveles de bienestar económico". Ya no se discute si la inversión en educación contribuye o no al crecimiento económico. Lo que se discute es si es más importante dar educación para el trabajo o entrenamiento para el empleo. Lo primero está asociado con una formación general muy fuerte en ciencias básicas y con el aprendizaje de uno o más idiomas diferentes de la lengua materna, y lo segundo, con las habilidades específicas que son requeridas en el tipo de empleo que el mercado de trabajo les ofrezca. Estas consideraciones nos sitúan en la perspectiva de las universidades frente a este proceso irreversible, y de la generación del conocimiento en el nuevo contexto del papel del saber y de las necesarias transformaciones académicas. Lo primero que se me ocurre decir es que si la globalización se ha hecho posible gracias a la revolución de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, ellas tuvieron su origen en las universidades de Inglaterra y de Estados Unidos. Pero en la medida en que se aceleró el cambio del paradigma tecno-económico aparecieron los laboratorios de Investigación y Desarrollo en las industrias, comunidades científicas no académicas y universidades virtuales. Las empresas transnacionales crearon sus propios centros de estudio y entrenamiento y pomposamente las llamaron "universidades", así fueran con nombre de hamburguesa o de dibujos animados. Las universidades han venido perdiendo el monopolio sobre algo esencial a su misión: la agenda de investigación. Pero lo más grave es que la producción del conocimiento en las actuales estructuras organizativas, han convertido el saber en un producto que se mueve en un mercado con reglas restrictivas muy claras, puesto que se hace para un "propietario" y no para la sociedad, es "investigado por encargo" y avalado por expertos, su acceso y disponibilidad están regulados por el sistema de patentes o de secreto industrial, y lo más dramático es que las innovaciones tecnológicas que son producidas casi exclusivamente en los países industrializados tienen un sistema de protección de la propiedad intelectual que hace muy onerosa su adquisición por parte de los países pobres. Hoy es más costosa una "licencia" producida en los Estados Unidos que una "máquina" producida en la China o en Malasia. Esto motivó a que la Conferencia Mundial sobre Ciencia reunida en Budapest en el verano de 1999, con los auspicios de la UNESCO y del Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU), incluyera en su "Declaración sobre la Ciencia y el uso del Saber Científico" que la ciencia en el siglo XXI debería convertirse en un bien compartido solidariamente en beneficio de todos los pueblos y que debería estar al servicio del conocimiento y el conocimiento al servicio del progreso y anotaba que "la mayor parte de los beneficios derivados de la ciencia están desigualmente distribuídos a causa de las asimetrías estructurales existentes en los países, las regiones y los grupos sociales además de entre los sexos. Conforme el saber científico se ha transformado en un factor decisivo de la producción de bienestar, su distribución se ha vuelto más desigual. Lo que distingue a los pobres (sean personas o países) de los ricos no es solo que poseen menos bienes, sino que la gran mayoría de ellos está excluída de la creación y de los beneficios del saber científico". Allí se proclamó que "habría que garantizar la libre circulación de la información sobre todas las utilizaciones y consecuencias posibles de los nuevos descubrimientos y tecnologías, a fin de que las cuestiones éticas se puedan debatir de modo apropiado", y que la "igualdad de acceso a la ciencia es no solo una exigencia social y ética para el desarrollo humano, sino que además constituye una necesidad para explotar plenamente el potencial de las comunidades científicas de todo el mundo y orientar el progreso científico de manera que se satisfagan las necesidades de la Humanidad". Pero no todo son nubes grises y catástrofe. De pronto tenga razón John Naisbitt, periodista y futurólogo, cuando planteó una contradicción que se está dando en medio de este juego de fuerzas económicas: "cuanto más grande se vuelve la economía global, más poderosos se vuelven los pequeños participantes", porque si bien es cierto que las empresas globales fijan las reglas del juego, la realidad es que a nivel local hay comportamientos y actuaciones que definen la circulación de las ideas, talento y capital, especialmente desde que se ampliaron las fronteras de la información con el Internet y ésta no es exclusiva de un país "hegemón". Los colombianos tenemos por delante retos inmensos y tareas urgentes que debemos afrontar para salir de esta crisis que es la más grande registrada en el último siglo, agravada en los años recientes por una crisis económica que ha generado no solo la más alta tasa de desempleo (más del 20%), sino la quiebra de sistemas que han estado a la base de la estabilidad democrática y del bienestar de las gentes. De ahí la importancia de este Seminario. ¿Es posible una economía sostenible y competitiva ¿Es posible una sociedad viable en medio de tantas convulsiones ¿Es posible ... Como lo dice Luis Jorge Garay en su libro "Globalización y Crisis", la "globalización es un proceso contradictorio, desigual y heterogéneo de naturaleza estructural de largo plazo, que se desarrolla en las diferentes esferas de acción, expresión, reflexión y comportamiento de las sociedades internacionales: la económica, la política y la cultural". Y agrega que "si bien el proceso comprende las tres esferas como un todo, de manera integral y comprensiva, se caracteriza por la recreación de una entidad propia-diferencial de cada una de las esferas, por la diferenciación entre las dinámicas reproducidas a nivel de cada una de ellas y por la asincronía del proceso entre espacios: transnacional, multilateral, regional, nacional y local". Pero como esto es tema de los expertos convocados a este Seminario, ellos nos ayudarán a desentrañar estas afirmaciones que parecen una "jerigonza". Lo que sí quisiera destacar aquí es que en casi todos los escritos sobre globalización aparecen reciclados viejos textos de los economistas clásicos, no solo para explicar los nuevos fenómenos sino para descargarse del reato de conciencia por las consecuencias destructoras del fenómeno. En efecto, para justificar la ampliación de los mercados se echa mano de textos de Adam Smith, quien hace más de dos siglos afirmó que "la división del trabajo está limitada por el tamaño del mercado" como una condición que debía superarse para asegurar la "riqueza de las naciones" y poder así optimizar la eficiencia de los recursos productivos y aprovechar las ventajas de mercados ampliados, pero no lo dijo para justificar que los mercados grandes se coman a los mercados chicos, como en efecto ha sucedido, porque los países en vía de desarrollo aún no han logrado explotar las economías de escala de producción y comercialización. Para los países industrializados, al término de la "guerra fría", y hacia octubre del año 1973 con ocasión del shock petrolero que ocasionó la primera crisis económica importante después de la gran crisis del año 29, se agudizaron los síntomas de desaceleración de los consumos y de reducción de los mercados, era un imperativo tener acceso a mercados más amplios más allá de sus fronteras y superar las limitaciones de la demanda interna. Para justificar el desastre ocasionado por la apertura económica con miras a la globalización que se ha producido en países como el nuestro, se recurre al economista austríaco Joseph Schumpeter para explicar que era inevitable la "destrucción creativa" porque los procesos de reforma estructural afectan el crecimiento económico, en tanto que las instituciones, las empresas y los mercados tienen que buscar nuevos patrones de eficiencia y equilibrio. Para suavizar las expresiones se habla ahora de "unipolaridad" y del papel catalizador del país "hegemón", cuando en mis tiempos de estudiante de economía eso era simplemente "imperialismo económico". Lo que queda claro es que si no hubiera sido por la revolución de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, la ampliación de las facilidades de transporte y el agotamiento de modelos económicos como el de protección de las industrias y producciones nacionales, no hubiera sido posible la globalización. Además, acudiendo a otro economista clásico, David Ricardo, es evidente que las "ventajas comparativas" han tenido un papel fundamental en los procesos de liberalización económica, aunque haya producido distorsiones en la concentración del desarrollo en algunos países y la aparición de otros que antes no figuraban en los mapas del comercio internacional. Pero así como a algunos analistas les parece positivo lo que hasta ahora ha sucedido a nivel global, a otros les parece que la globalización ha generado una creciente dependencia de dos factores: del capital como poder supremo y del mercado en relación con el trabajo y con la existencia misma de los Estados-nación. Eso explica porqué se han trasnacionalizado diversas categorías del capital, se han deteriorado o desaparecido actividades económicas que se realizaban con baja intensidad de capital y tecnología, y se han desdibujado las fronteras nacionales con la bandera del libre comercio o simplemente están al borde de dolarizar o euroizar sus mercados internos, y como consecuencia de todo esto se ha deteriorado la distribución del ingreso y se ha ampliado la brecha entre los países ricos y pobres. El deterioro del ingreso se ha agudizado porque han aumentado los niveles de desempleo, especialmente en los sectores primarios, en donde no es posible competir con los productos subsidiados de los países con mayor desarrollo (algunos como J. Garay lo califica como una desagriculturización), y en las industrias en donde la productividad y la calidad están muy por debajo de los parámetros internacionales (llamada desindustrialización por el mismo autor). Lo que sí resulta interesante señalar es que en la década pasada se amplió la brecha de remuneraciones entre trabajadores calificados y no calificados, favoreciendo a los que tienen educación universitaria. El economista José Antonio Ocampo calcula que "en promedio los ingresos de los profesionales han aumentado en un 17% en relación con los trabajadores del sector formal y 26% en relación con los del sector informal". En los últimos años, a raíz de los movimientos de protesta en contra de los efectos de la globalización, ha empezado a tomar forma un nuevo modelo de "globalización democrática" opuesto al modelo de "globalización neoliberal", señalado con claridad por Mittelman J.H. en su artículo sobre "Las dinámicas de la glo-balización". Por eso han surgido y seguirán apareciendo movimientos obreros, movimientos pacifistas, movimientos ecológicos, que con el apoyo de Organizaciones No Gubernamentales ONG's lucharán contra todas las aberraciones e injusticias de este nuevo orden internacional, y propugnando por un desarrollo humano o desarrrollo integral que garantice los derechos ciudadanos, y se articule con la ya conocida tríada equidad-desarrollo-democracia, o la famosa "trinidad de Dahrendorf": democracia-cohesión social-crecimiento económico. La cuestión por resolver será no quién "gobierne la máquina" sino quién "gobernará las expectativas", según lo planteado por Pierluigi Ciocca en su libro "La economía mundial en el siglo XX". Para lograr la adaptación de nuestro país a la nueva realidad mundial se requiere una política de estado de largo plazo, y no propiamente política de los gobiernos que tienen casi siempre visiones y compromisos cortoplacistas, que sea clara, coherente y continuada, sobre la educación y la formación de recursos humanos, porque la globalización nos ha señalado que el factor competividad está asociado con la producción y acumulación de conocimientos. No hay duda de que la educación posibilita mejoría económica y movilidad social y es un sustento para la democracia en tanto que sirve para inculcar los valores fundamentales de igualdad, solidaridad y respeto a la diferencia, para poder convivir pacíficamente y participar en la construcción de una nueva sociedad. Juan Pablo Trujillo, en un artículo intitulado "Educación para la Internacionalización", que Miguel Urrutia, actual gerente del Banco de la República, incluyó en el libro "Colombia ante la economía mundial", es categórico en afirmar que "el reto de la política colombiana en la actualidad es preparar a la población para vivir en una sociedad libre y descentralizada, y para el uso de la nueva tecnología que hace posible una mayor productividad y, por tanto, mayores niveles de bienestar económico". Ya no se discute si la inversión en educación contribuye o no al crecimiento económico. Lo que se discute es si es más importante dar educación para el trabajo o entrenamiento para el empleo. Lo primero está asociado con una formación general muy fuerte en ciencias básicas y con el aprendizaje de uno o más idiomas diferentes de la lengua materna, y lo segundo, con las habilidades específicas que son requeridas en el tipo de empleo que el mercado de trabajo les ofrezca. Estas consideraciones nos sitúan en la perspectiva de las universidades frente a este proceso irreversible, y de la generación del conocimiento en el nuevo contexto del papel del saber y de las necesarias transformaciones académicas. Lo primero que se me ocurre decir es que si la globalización se ha hecho posible gracias a la revolución de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, ellas tuvieron su origen en las universidades de Inglaterra y de Estados Unidos. Pero en la medida en que se aceleró el cambio del paradigma tecno-económico aparecieron los laboratorios de Investigación y Desarrollo en las industrias, comunidades científicas no académicas y universidades virtuales. Las empresas transnacionales crearon sus propios centros de estudio y entrenamiento y pomposamente las llamaron "universidades", así fueran con nombre de hamburguesa o de dibujos animados. Las universidades han venido perdiendo el monopolio sobre algo esencial a su misión: la agenda de investigación. Pero lo más grave es que la producción del conocimiento en las actuales estructuras organizativas, han convertido el saber en un producto que se mueve en un mercado con reglas restrictivas muy claras, puesto que se hace para un "propietario" y no para la sociedad, es "investigado por encargo" y avalado por expertos, su acceso y disponibilidad están regulados por el sistema de patentes o de secreto industrial, y lo más dramático es que las innovaciones tecnológicas que son producidas casi exclusivamente en los países industrializados tienen un sistema de protección de la propiedad intelectual que hace muy onerosa su adquisición por parte de los países pobres. Hoy es más costosa una "licencia" producida en los Estados Unidos que una "máquina" producida en la China o en Malasia. Esto motivó a que la Conferencia Mundial sobre Ciencia reunida en Budapest en el verano de 1999, con los auspicios de la UNESCO y del Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU), incluyera en su "Declaración sobre la Ciencia y el uso del Saber Científico" que la ciencia en el siglo XXI debería convertirse en un bien compartido solidariamente en beneficio de todos los pueblos y que debería estar al servicio del conocimiento y el conocimiento al servicio del progreso y anotaba que "la mayor parte de los beneficios derivados de la ciencia están desigualmente distribuídos a causa de las asimetrías estructurales existentes en los países, las regiones y los grupos sociales además de entre los sexos. Conforme el saber científico se ha transformado en un factor decisivo de la producción de bienestar, su distribución se ha vuelto más desigual. Lo que distingue a los pobres (sean personas o países) de los ricos no es solo que poseen menos bienes, sino que la gran mayoría de ellos está excluída de la creación y de los beneficios del saber científico". Allí se proclamó que "habría que garantizar la libre circulación de la información sobre todas las utilizaciones y consecuencias posibles de los nuevos descubrimientos y tecnologías, a fin de que las cuestiones éticas se puedan debatir de modo apropiado", y que la "igualdad de acceso a la ciencia es no solo una exigencia social y ética para el desarrollo humano, sino que además constituye una necesidad para explotar plenamente el potencial de las comunidades científicas de todo el mundo y orientar el progreso científico de manera que se satisfagan las necesidades de la Humanidad". Pero no todo son nubes grises y catástrofe. De pronto tenga razón John Naisbitt, periodista y futurólogo, cuando planteó una contradicción que se está dando en medio de este juego de fuerzas económicas: "cuanto más grande se vuelve la economía global, más poderosos se vuelven los pequeños participantes", porque si bien es cierto que las empresas globales fijan las reglas del juego, la realidad es que a nivel local hay comportamientos y actuaciones que definen la circulación de las ideas, talento y capital, especialmente desde que se ampliaron las fronteras de la información con el Internet y ésta no es exclusiva de un país "hegemón". Los colombianos tenemos por delante retos inmensos y tareas urgentes que debemos afrontar para salir de esta crisis que es la más grande registrada en el último siglo, agravada en los años recientes por una crisis económica que ha generado no solo la más alta tasa de desempleo (más del 20%), sino la quiebra de sistemas que han estado a la base de la estabilidad democrática y del bienestar de las gentes. De ahí la importancia de este Seminario. ¿Es posible una economía sostenible y competitiva ¿Es posible una sociedad viable en medio de tantas convulsiones ¿Es posible ... Y agrega que "si bien el proceso comprende las tres esferas como un todo, de manera integral y comprensiva, se caracteriza por la recreación de una entidad propia-diferencial de cada una de las esferas, por la diferenciación entre las dinámicas reproducidas a nivel de cada una de ellas y por la asincronía del proceso entre espacios: transnacional, multilateral, regional, nacional y local". Pero como esto es tema de los expertos convocados a este Seminario, ellos nos ayudarán a desentrañar estas afirmaciones que parecen una "jerigonza". Lo que sí quisiera destacar aquí es que en casi todos los escritos sobre globalización aparecen reciclados viejos textos de los economistas clásicos, no solo para explicar los nuevos fenómenos sino para descargarse del reato de conciencia por las consecuencias destructoras del fenómeno. En efecto, para justificar la ampliación de los mercados se echa mano de textos de Adam Smith, quien hace más de dos siglos afirmó que "la división del trabajo está limitada por el tamaño del mercado" como una condición que debía superarse para asegurar la "riqueza de las naciones" y poder así optimizar la eficiencia de los recursos productivos y aprovechar las ventajas de mercados ampliados, pero no lo dijo para justificar que los mercados grandes se coman a los mercados chicos, como en efecto ha sucedido, porque los países en vía de desarrollo aún no han logrado explotar las economías de escala de producción y comercialización. Para los países industrializados, al término de la "guerra fría", y hacia octubre del año 1973 con ocasión del shock petrolero que ocasionó la primera crisis económica importante después de la gran crisis del año 29, se agudizaron los síntomas de desaceleración de los consumos y de reducción de los mercados, era un imperativo tener acceso a mercados más amplios más allá de sus fronteras y superar las limitaciones de la demanda interna. Para justificar el desastre ocasionado por la apertura económica con miras a la globalización que se ha producido en países como el nuestro, se recurre al economista austríaco Joseph Schumpeter para explicar que era inevitable la "destrucción creativa" porque los procesos de reforma estructural afectan el crecimiento económico, en tanto que las instituciones, las empresas y los mercados tienen que buscar nuevos patrones de eficiencia y equilibrio. Para suavizar las expresiones se habla ahora de "unipolaridad" y del papel catalizador del país "hegemón", cuando en mis tiempos de estudiante de economía eso era simplemente "imperialismo económico". Lo que queda claro es que si no hubiera sido por la revolución de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, la ampliación de las facilidades de transporte y el agotamiento de modelos económicos como el de protección de las industrias y producciones nacionales, no hubiera sido posible la globalización. Además, acudiendo a otro economista clásico, David Ricardo, es evidente que las "ventajas comparativas" han tenido un papel fundamental en los procesos de liberalización económica, aunque haya producido distorsiones en la concentración del desarrollo en algunos países y la aparición de otros que antes no figuraban en los mapas del comercio internacional. Pero así como a algunos analistas les parece positivo lo que hasta ahora ha sucedido a nivel global, a otros les parece que la globalización ha generado una creciente dependencia de dos factores: del capital como poder supremo y del mercado en relación con el trabajo y con la existencia misma de los Estados-nación. Eso explica porqué se han trasnacionalizado diversas categorías del capital, se han deteriorado o desaparecido actividades económicas que se realizaban con baja intensidad de capital y tecnología, y se han desdibujado las fronteras nacionales con la bandera del libre comercio o simplemente están al borde de dolarizar o euroizar sus mercados internos, y como consecuencia de todo esto se ha deteriorado la distribución del ingreso y se ha ampliado la brecha entre los países ricos y pobres. El deterioro del ingreso se ha agudizado porque han aumentado los niveles de desempleo, especialmente en los sectores primarios, en donde no es posible competir con los productos subsidiados de los países con mayor desarrollo (algunos como J. Garay lo califica como una desagriculturización), y en las industrias en donde la productividad y la calidad están muy por debajo de los parámetros internacionales (llamada desindustrialización por el mismo autor). Lo que sí resulta interesante señalar es que en la década pasada se amplió la brecha de remuneraciones entre trabajadores calificados y no calificados, favoreciendo a los que tienen educación universitaria. El economista José Antonio Ocampo calcula que "en promedio los ingresos de los profesionales han aumentado en un 17% en relación con los trabajadores del sector formal y 26% en relación con los del sector informal". En los últimos años, a raíz de los movimientos de protesta en contra de los efectos de la globalización, ha empezado a tomar forma un nuevo modelo de "globalización democrática" opuesto al modelo de "globalización neoliberal", señalado con claridad por Mittelman J.H. en su artículo sobre "Las dinámicas de la glo-balización". Por eso han surgido y seguirán apareciendo movimientos obreros, movimientos pacifistas, movimientos ecológicos, que con el apoyo de Organizaciones No Gubernamentales ONG's lucharán contra todas las aberraciones e injusticias de este nuevo orden internacional, y propugnando por un desarrollo humano o desarrrollo integral que garantice los derechos ciudadanos, y se articule con la ya conocida tríada equidad-desarrollo-democracia, o la famosa "trinidad de Dahrendorf": democracia-cohesión social-crecimiento económico. La cuestión por resolver será no quién "gobierne la máquina" sino quién "gobernará las expectativas", según lo planteado por Pierluigi Ciocca en su libro "La economía mundial en el siglo XX". Para lograr la adaptación de nuestro país a la nueva realidad mundial se requiere una política de estado de largo plazo, y no propiamente política de los gobiernos que tienen casi siempre visiones y compromisos cortoplacistas, que sea clara, coherente y continuada, sobre la educación y la formación de recursos humanos, porque la globalización nos ha señalado que el factor competividad está asociado con la producción y acumulación de conocimientos. No hay duda de que la educación posibilita mejoría económica y movilidad social y es un sustento para la democracia en tanto que sirve para inculcar los valores fundamentales de igualdad, solidaridad y respeto a la diferencia, para poder convivir pacíficamente y participar en la construcción de una nueva sociedad. Juan Pablo Trujillo, en un artículo intitulado "Educación para la Internacionalización", que Miguel Urrutia, actual gerente del Banco de la República, incluyó en el libro "Colombia ante la economía mundial", es categórico en afirmar que "el reto de la política colombiana en la actualidad es preparar a la población para vivir en una sociedad libre y descentralizada, y para el uso de la nueva tecnología que hace posible una mayor productividad y, por tanto, mayores niveles de bienestar económico". Ya no se discute si la inversión en educación contribuye o no al crecimiento económico. Lo que se discute es si es más importante dar educación para el trabajo o entrenamiento para el empleo. Lo primero está asociado con una formación general muy fuerte en ciencias básicas y con el aprendizaje de uno o más idiomas diferentes de la lengua materna, y lo segundo, con las habilidades específicas que son requeridas en el tipo de empleo que el mercado de trabajo les ofrezca. Estas consideraciones nos sitúan en la perspectiva de las universidades frente a este proceso irreversible, y de la generación del conocimiento en el nuevo contexto del papel del saber y de las necesarias transformaciones académicas. Lo primero que se me ocurre decir es que si la globalización se ha hecho posible gracias a la revolución de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, ellas tuvieron su origen en las universidades de Inglaterra y de Estados Unidos. Pero en la medida en que se aceleró el cambio del paradigma tecno-económico aparecieron los laboratorios de Investigación y Desarrollo en las industrias, comunidades científicas no académicas y universidades virtuales. Las empresas transnacionales crearon sus propios centros de estudio y entrenamiento y pomposamente las llamaron "universidades", así fueran con nombre de hamburguesa o de dibujos animados. Las universidades han venido perdiendo el monopolio sobre algo esencial a su misión: la agenda de investigación. Pero lo más grave es que la producción del conocimiento en las actuales estructuras organizativas, han convertido el saber en un producto que se mueve en un mercado con reglas restrictivas muy claras, puesto que se hace para un "propietario" y no para la sociedad, es "investigado por encargo" y avalado por expertos, su acceso y disponibilidad están regulados por el sistema de patentes o de secreto industrial, y lo más dramático es que las innovaciones tecnológicas que son producidas casi exclusivamente en los países industrializados tienen un sistema de protección de la propiedad intelectual que hace muy onerosa su adquisición por parte de los países pobres. Hoy es más costosa una "licencia" producida en los Estados Unidos que una "máquina" producida en la China o en Malasia. Esto motivó a que la Conferencia Mundial sobre Ciencia reunida en Budapest en el verano de 1999, con los auspicios de la UNESCO y del Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU), incluyera en su "Declaración sobre la Ciencia y el uso del Saber Científico" que la ciencia en el siglo XXI debería convertirse en un bien compartido solidariamente en beneficio de todos los pueblos y que debería estar al servicio del conocimiento y el conocimiento al servicio del progreso y anotaba que "la mayor parte de los beneficios derivados de la ciencia están desigualmente distribuídos a causa de las asimetrías estructurales existentes en los países, las regiones y los grupos sociales además de entre los sexos. Conforme el saber científico se ha transformado en un factor decisivo de la producción de bienestar, su distribución se ha vuelto más desigual. Lo que distingue a los pobres (sean personas o países) de los ricos no es solo que poseen menos bienes, sino que la gran mayoría de ellos está excluída de la creación y de los beneficios del saber científico". Allí se proclamó que "habría que garantizar la libre circulación de la información sobre todas las utilizaciones y consecuencias posibles de los nuevos descubrimientos y tecnologías, a fin de que las cuestiones éticas se puedan debatir de modo apropiado", y que la "igualdad de acceso a la ciencia es no solo una exigencia social y ética para el desarrollo humano, sino que además constituye una necesidad para explotar plenamente el potencial de las comunidades científicas de todo el mundo y orientar el progreso científico de manera que se satisfagan las necesidades de la Humanidad". Pero no todo son nubes grises y catástrofe. De pronto tenga razón John Naisbitt, periodista y futurólogo, cuando planteó una contradicción que se está dando en medio de este juego de fuerzas económicas: "cuanto más grande se vuelve la economía global, más poderosos se vuelven los pequeños participantes", porque si bien es cierto que las empresas globales fijan las reglas del juego, la realidad es que a nivel local hay comportamientos y actuaciones que definen la circulación de las ideas, talento y capital, especialmente desde que se ampliaron las fronteras de la información con el Internet y ésta no es exclusiva de un país "hegemón". Los colombianos tenemos por delante retos inmensos y tareas urgentes que debemos afrontar para salir de esta crisis que es la más grande registrada en el último siglo, agravada en los años recientes por una crisis económica que ha generado no solo la más alta tasa de desempleo (más del 20%), sino la quiebra de sistemas que han estado a la base de la estabilidad democrática y del bienestar de las gentes. De ahí la importancia de este Seminario. ¿Es posible una economía sostenible y competitiva ¿Es posible una sociedad viable en medio de tantas convulsiones ¿Es posible ... Pero como esto es tema de los expertos convocados a este Seminario, ellos nos ayudarán a desentrañar estas afirmaciones que parecen una "jerigonza". Lo que sí quisiera destacar aquí es que en casi todos los escritos sobre globalización aparecen reciclados viejos textos de los economistas clásicos, no solo para explicar los nuevos fenómenos sino para descargarse del reato de conciencia por las consecuencias destructoras del fenómeno. En efecto, para justificar la ampliación de los mercados se echa mano de textos de Adam Smith, quien hace más de dos siglos afirmó que "la división del trabajo está limitada por el tamaño del mercado" como una condición que debía superarse para asegurar la "riqueza de las naciones" y poder así optimizar la eficiencia de los recursos productivos y aprovechar las ventajas de mercados ampliados, pero no lo dijo para justificar que los mercados grandes se coman a los mercados chicos, como en efecto ha sucedido, porque los países en vía de desarrollo aún no han logrado explotar las economías de escala de producción y comercialización. Para los países industrializados, al término de la "guerra fría", y hacia octubre del año 1973 con ocasión del shock petrolero que ocasionó la primera crisis económica importante después de la gran crisis del año 29, se agudizaron los síntomas de desaceleración de los consumos y de reducción de los mercados, era un imperativo tener acceso a mercados más amplios más allá de sus fronteras y superar las limitaciones de la demanda interna. Para justificar el desastre ocasionado por la apertura económica con miras a la globalización que se ha producido en países como el nuestro, se recurre al economista austríaco Joseph Schumpeter para explicar que era inevitable la "destrucción creativa" porque los procesos de reforma estructural afectan el crecimiento económico, en tanto que las instituciones, las empresas y los mercados tienen que buscar nuevos patrones de eficiencia y equilibrio. Para suavizar las expresiones se habla ahora de "unipolaridad" y del papel catalizador del país "hegemón", cuando en mis tiempos de estudiante de economía eso era simplemente "imperialismo económico". Lo que queda claro es que si no hubiera sido por la revolución de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, la ampliación de las facilidades de transporte y el agotamiento de modelos económicos como el de protección de las industrias y producciones nacionales, no hubiera sido posible la globalización. Además, acudiendo a otro economista clásico, David Ricardo, es evidente que las "ventajas comparativas" han tenido un papel fundamental en los procesos de liberalización económica, aunque haya producido distorsiones en la concentración del desarrollo en algunos países y la aparición de otros que antes no figuraban en los mapas del comercio internacional. Pero así como a algunos analistas les parece positivo lo que hasta ahora ha sucedido a nivel global, a otros les parece que la globalización ha generado una creciente dependencia de dos factores: del capital como poder supremo y del mercado en relación con el trabajo y con la existencia misma de los Estados-nación. Eso explica porqué se han trasnacionalizado diversas categorías del capital, se han deteriorado o desaparecido actividades económicas que se realizaban con baja intensidad de capital y tecnología, y se han desdibujado las fronteras nacionales con la bandera del libre comercio o simplemente están al borde de dolarizar o euroizar sus mercados internos, y como consecuencia de todo esto se ha deteriorado la distribución del ingreso y se ha ampliado la brecha entre los países ricos y pobres. El deterioro del ingreso se ha agudizado porque han aumentado los niveles de desempleo, especialmente en los sectores primarios, en donde no es posible competir con los productos subsidiados de los países con mayor desarrollo (algunos como J. Garay lo califica como una desagriculturización), y en las industrias en donde la productividad y la calidad están muy por debajo de los parámetros internacionales (llamada desindustrialización por el mismo autor). Lo que sí resulta interesante señalar es que en la década pasada se amplió la brecha de remuneraciones entre trabajadores calificados y no calificados, favoreciendo a los que tienen educación universitaria. El economista José Antonio Ocampo calcula que "en promedio los ingresos de los profesionales han aumentado en un 17% en relación con los trabajadores del sector formal y 26% en relación con los del sector informal". En los últimos años, a raíz de los movimientos de protesta en contra de los efectos de la globalización, ha empezado a tomar forma un nuevo modelo de "globalización democrática" opuesto al modelo de "globalización neoliberal", señalado con claridad por Mittelman J.H. en su artículo sobre "Las dinámicas de la glo-balización". Por eso han surgido y seguirán apareciendo movimientos obreros, movimientos pacifistas, movimientos ecológicos, que con el apoyo de Organizaciones No Gubernamentales ONG's lucharán contra todas las aberraciones e injusticias de este nuevo orden internacional, y propugnando por un desarrollo humano o desarrrollo integral que garantice los derechos ciudadanos, y se articule con la ya conocida tríada equidad-desarrollo-democracia, o la famosa "trinidad de Dahrendorf": democracia-cohesión social-crecimiento económico. La cuestión por resolver será no quién "gobierne la máquina" sino quién "gobernará las expectativas", según lo planteado por Pierluigi Ciocca en su libro "La economía mundial en el siglo XX". Para lograr la adaptación de nuestro país a la nueva realidad mundial se requiere una política de estado de largo plazo, y no propiamente política de los gobiernos que tienen casi siempre visiones y compromisos cortoplacistas, que sea clara, coherente y continuada, sobre la educación y la formación de recursos humanos, porque la globalización nos ha señalado que el factor competividad está asociado con la producción y acumulación de conocimientos. No hay duda de que la educación posibilita mejoría económica y movilidad social y es un sustento para la democracia en tanto que sirve para inculcar los valores fundamentales de igualdad, solidaridad y respeto a la diferencia, para poder convivir pacíficamente y participar en la construcción de una nueva sociedad. Juan Pablo Trujillo, en un artículo intitulado "Educación para la Internacionalización", que Miguel Urrutia, actual gerente del Banco de la República, incluyó en el libro "Colombia ante la economía mundial", es categórico en afirmar que "el reto de la política colombiana en la actualidad es preparar a la población para vivir en una sociedad libre y descentralizada, y para el uso de la nueva tecnología que hace posible una mayor productividad y, por tanto, mayores niveles de bienestar económico". Ya no se discute si la inversión en educación contribuye o no al crecimiento económico. Lo que se discute es si es más importante dar educación para el trabajo o entrenamiento para el empleo. Lo primero está asociado con una formación general muy fuerte en ciencias básicas y con el aprendizaje de uno o más idiomas diferentes de la lengua materna, y lo segundo, con las habilidades específicas que son requeridas en el tipo de empleo que el mercado de trabajo les ofrezca. Estas consideraciones nos sitúan en la perspectiva de las universidades frente a este proceso irreversible, y de la generación del conocimiento en el nuevo contexto del papel del saber y de las necesarias transformaciones académicas. Lo primero que se me ocurre decir es que si la globalización se ha hecho posible gracias a la revolución de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, ellas tuvieron su origen en las universidades de Inglaterra y de Estados Unidos. Pero en la medida en que se aceleró el cambio del paradigma tecno-económico aparecieron los laboratorios de Investigación y Desarrollo en las industrias, comunidades científicas no académicas y universidades virtuales. Las empresas transnacionales crearon sus propios centros de estudio y entrenamiento y pomposamente las llamaron "universidades", así fueran con nombre de hamburguesa o de dibujos animados. Las universidades han venido perdiendo el monopolio sobre algo esencial a su misión: la agenda de investigación. Pero lo más grave es que la producción del conocimiento en las actuales estructuras organizativas, han convertido el saber en un producto que se mueve en un mercado con reglas restrictivas muy claras, puesto que se hace para un "propietario" y no para la sociedad, es "investigado por encargo" y avalado por expertos, su acceso y disponibilidad están regulados por el sistema de patentes o de secreto industrial, y lo más dramático es que las innovaciones tecnológicas que son producidas casi exclusivamente en los países industrializados tienen un sistema de protección de la propiedad intelectual que hace muy onerosa su adquisición por parte de los países pobres. Hoy es más costosa una "licencia" producida en los Estados Unidos que una "máquina" producida en la China o en Malasia. Esto motivó a que la Conferencia Mundial sobre Ciencia reunida en Budapest en el verano de 1999, con los auspicios de la UNESCO y del Consejo Internacional para la Ciencia (ICSU), incluyera en su "Declaración sobre la Ciencia y el uso del Saber Científico" que la ciencia en el siglo XXI debería convertirse en un bien compartido solidariamente en beneficio de todos los pueblos y que debería estar al servicio del conocimiento y el conocimiento al servicio del progreso y anotaba que "la mayor parte de los beneficios derivados de la ciencia están desigualmente distribuídos a causa de las asimetrías estructurales existentes en los países, las regiones y los grupos sociales además de entre los sexos. Conforme el saber científico se ha transformado en un factor decisivo de la producción de bienestar, su distribución se ha vuelto más desigual. Lo que distingue a los pobres (sean personas o países) de los ricos no es solo que poseen menos bienes, sino que la gran mayoría de ellos está excluída de la creación y de los beneficios del saber científico". Allí se proclamó que "habría que garantizar la libre circulación de la información sobre todas las utilizaciones y consecuencias posibles de los nuevos descubrimientos y tecnologías, a fin de que las cuestiones éticas se puedan debatir de modo apropiado", y que la "igualdad de acceso a la ciencia es no solo una exigencia social y ética para el desarrollo humano, sino que además constituye una necesidad para explotar plenamente el potencial de las comunidades científicas de todo el mundo y orientar el progreso científico de manera que se satisfagan las necesidades de la Humanidad". Pero no todo son nubes grises y catástrofe. De pronto tenga razón John Naisbitt, periodista y futurólogo, cuando planteó una contradicción que se está dando en medio de este juego de fuerzas económicas: "cuanto más grande se vuelve la economía global, más poderosos se vuelven los pequeños participantes", porque si bien es cierto que las empresas globales fijan las reglas del juego, la realidad es que a nivel local hay comportamientos y actuaciones que definen la circulación de las ideas, talento y capital, especialmente desde que se ampliaron las fronteras de la información con el Internet y ésta no es exclusiva de un país "hegemón". Los colombianos tenemos por delante retos inmensos y tareas urgentes que debemos afrontar para salir de esta crisis que es la más grande registrada en el último siglo, agravada en los años recientes por una crisis económica que ha generado no solo la más alta tasa de desempleo (más del 20%), sino la quiebra de sistemas que han estado a la base de la estabilidad democrática y del bienestar de las gentes. De ahí la importancia de este Seminario. ¿Es posible una economía sostenible y competitiva ¿Es posible una sociedad viable en medio de tantas convulsiones ¿Es posible ... Lo que sí quisiera destacar aquí es que en casi todos los escritos sobre globalización aparecen reciclados viejos textos de los economistas clásicos, no solo para explicar los nuevos fenómenos sino para descargarse del reato de conciencia por las consecuencias destructoras del fenómeno. En efecto, para justificar la ampliación de los mercados se echa mano de textos de Adam Smith, quien hace más de dos siglos afirmó que "la división del trabajo está limitada por el tamaño del mercado" como una condición que debía superarse para asegurar la "riqueza de las naciones" y poder así optimizar la eficiencia de los recursos productivos y aprovechar las ventajas de mercados ampliados, pero no lo dijo para justificar que los mercados grandes se coman a los mercados chicos, como en efecto ha sucedido, porque los países en vía de desarrollo aún no han logrado explotar las economías de escala de producción y comercialización. Para los países industrializados, al término de la "guerra fría", y hacia octubre del año 1973 con ocasión del shock petrolero que ocasionó la primera crisis económica importante después de la gran crisis del año 29, se agudizaron los síntomas de desaceleración de los consumos y de reducción de los mercados, era un imperativo tener acceso a mercados más amplios más allá de sus fronteras y superar las limitaciones de la demanda interna. Para justificar el desastre ocasionado por la apertura económica con miras a la globalización que se ha producido en países como el nuestro, se recurre al economista austríaco Joseph Schumpeter para explicar que era inevitable la "destrucción creativa" porque los procesos de reforma estructural afectan el crecimiento económico, en tanto que las instituciones, las empresas y los mercados tienen que buscar nuevos patrones de eficiencia y equilibrio. Para suavizar las expresiones se habla ahora de "unipolaridad" y del papel catalizador del país "hegemón", cuando en mis tiempos de estudiante de economía eso era simplemente "imperialismo económico". Lo que queda claro es que si no hubiera sido por la revolución de las tecnologías de la información y de las telecomunicaciones, la ampliación de las facilidades de transporte y el agotamiento de modelos económicos como el de protección de las industrias y producciones nacionales, no hubiera sido posible la globalización. Además, acudiendo a otro economista clásico, David Ricardo, es evidente que las "ventajas comparativas" han tenido un papel fundamental en los procesos de liberalización económica, aunque haya producido distorsiones en la concentración del desarrollo en algunos países y la aparición de otros que antes no figuraban en los mapas del comercio internacional. Pero así como a algunos analistas les parece positivo lo que hasta ahora ha sucedido a nivel global, a otros les parece que la globalización ha generado una creciente dependencia de dos factores: del capital como poder supremo y del mercado en relación con el trabajo y con la existencia misma de los Estados-nación. Eso explica porqué se han trasnacionalizado diversas categorías del capital, se han deteriorado o desaparecido actividades económicas que se realizaban con baja intensidad de capital y tecnología, y se han desdibujado las fronteras nacionales con la bandera del libre comercio o simplemente están al borde de dolarizar o euroizar sus mercados internos, y como consecuencia de todo esto se ha deteriorado la distribución del ingreso y se ha ampliado la brecha entre los países ricos y pobres. El deterioro del ingreso se ha agudizado porque han aumentado los niveles de desempleo, especialmente en los sectores primarios, en donde no es posible competir con los productos subsidiados de los países con mayor desarrollo (algunos como J. Garay lo califica como una desagriculturización), y en las industrias en donde la productividad y la calidad están muy por debajo de los parámetros internacionales (llamada desindustrialización por el mismo autor). Lo que sí resulta interesante señalar es que en la década pasada se amplió la brecha de remuneraciones entre trabajadores calificados y no calificados, favoreciendo a los que tienen educación universitaria. El economista José Antonio Ocampo calcula que "en promedio los ingresos de los profesionales han aumentado en un 17% en relación con los trabajadores del sector formal y 26% en relación con los del sector informal". En los últimos años, a raíz de los movimientos de protesta en contra de los efectos de la globalización, ha empezado a tomar forma un nuevo modelo de "globalización democrática" opuesto al modelo de "globalización neoliberal", señalado con claridad por Mittelman J.H. en su artículo sobre "Las dinámicas de la glo-balización". Por eso han surgido y seguirán apareciendo movimientos obreros, movimientos pacifistas, movimientos ecológicos, que con el apoyo de Organizaciones No Gubernamentales ONG's lucharán contra todas las aberraciones e injusticias de este nuevo orden internacional, y propugnando por un desarrollo humano o desarrrollo integral que garantice los derechos ciudadanos, y se articule con la ya conocida tríada equidad-desarrollo-democracia, o la famosa "trinidad de Dahrendorf": democracia-cohesión social-crecimiento económico. La cuestión por resolver será no quién "gobierne la máquina" sino quién "gobernará las expectativas", según lo planteado por Pierluigi Ciocca en su libro "La economía mundial en el siglo XX". Para lograr la adaptación de nuestro país a la nueva realidad mundial se requiere una política de estado de largo plazo, y no propiamente política de los gobiernos que tienen casi siempre visiones y compromisos cortoplacistas, que sea clara, coherente y continuada, sobre la educación y la formación de recursos humanos, porque la globalización nos ha señalado que el factor competividad está asociado con la producción y acumulación de conocimientos. No hay duda de que la educación posibilita mejoría económica y movilidad social y es un sustento para la democracia en tanto que sirve para inculcar los valores fundamentales de igualdad, solidaridad y respeto a la diferencia, para poder convivir pacíficamente y participar en la construcción de una nueva sociedad. Juan Pablo Trujillo, en un artículo intitulado "Educación para la Internacionalización", que Miguel Urrutia, actual gerente del Banco de la República, incluyó en el libro "Colombia ante la economía mundial", es categ

    Atributos LU

    TítuloEconomía sostenible y globalización
    AutorVarios Autores
    Tabla de ContenidoPresentación

    Relación Universidad – Desarrollo empresarial

    Wenceslao Giménez Bonet y Marcelo Loprete


    Aspectos económicos de la nueva economía

    Carlos Garcimartín Alférez


    La globalización de la contaduría pública

    Samuel Alberto Mantilla


    La globalización no es neutra frente al desarrollo

    César Hernán Castro Cruz


    Aspectos jurídicos económicos y sociales de las privatizaciones
    en España

    Germán Fernández Farreres


    La Universidad ante el proceso global

    Roberto Sánchez de la Vara


    El nuevo proyecto de la ciencia mexicana

    Heriberto Castaños Lomnitz


    Conocimiento contable, megatendencias y cambio

    Rafael Franco Ruíz


    Integración y perspectivas para Latinoamérica

    Wenceslao Giménez Bonet y Marcelo Loprete


    El sector exterior de la economía española. La restricción
    externa

    Carlos Garcimartín Alférez


    Globalización e interculturalidad

    Eduardo Antonio Casas Ochoa


    Bibliografía

    TipoLibro
    ISXN9789589693599
    Año de Edición2001
    Núm. Páginas461
    Peso (Físico)870
    Tamaño (Físico)17 x 24 cm

    Títulos Similares