En el amargo sabor del azúcar, Sarah Álvarez de Miranda muestra, como en sus obras anteriores, una versión lúcida de los hechos que ha vivido. En este caso, se trata de sus experiencias en La Habana que precedió a la Revolución castrista. Relata cómo la revolución se fraguó lenta pero inexorablemente a la sombra de una sociedad que sólo demasiado tarde se percataría de sus errores, que vivía lúdicamente en la periferia de las cosas, y en la cual ...