Londres, verano de 1867. En el Crystal Palace, la estrella del trapecio, Monsieur Mercure, se precipita al vacío desde una escalofriante altura de cien pies y se estrella contra el suelo, a dos pasos de donde se encuentra el joven Sherlock Holmes. Lleno de sangre y con el cuerpo descoyuntado, el hombre apenas si puede murmurar: «Silenciar... me». Impresionado por lo que acaba de presenciar, el chico decide investigar qué ha ocurrido. Esta trepida...