Hace más de diez años, Rodrigo Rey Rosa visitó a diario el Archivo de La Isla y se sumergió en el laberinto de millones de legajos y fichas que la policía guatemalteca había acumulado durante décadas. Lo que empezó como una especie de entretenimiento derivó poco a poco en una arriesgada investigación en la que la documentación de la represión en su país se fue convirtiendo en materia novelesca. De los cinco cuadernos y cuatro libretas escritos a ...