Es el mundo al revés. ¿Cómo se entiende que en un mismo Hospital se aborte un feto de 24 semanas de gestación en una sala de partos, mientras que en la Unidad de cuidados intensivos neonatales se intente salvar un prematuro de la misma edad? Ante este breve y pesimista diagnóstico de la llamada sociedad del primer mundo, no cabe el desaliento y el lamento estéril. Es necesario lanzar un mensaje de esperanza. Lo que el autor intenta con este libro...