La Educación, así, en mayúsculas, es el gran engaño: se nos hace creer que, porque aprendimos a hacer cuentas, a ubicar un punto en el mapamundi o una estrella en el cielo, estamos preparados para vivir. Craso error. La academia es incapaz de transmitir el entrenamiento más importante: la educación sentimental. Por eso, salimos convencidos de que relacionarnos con los otros es un asunto de sumas y restas, no de compasión. Ignorantes de este saber...