Una llamada inesperada le trajo a Marcela la noticia que cambió su vida para siempre. A pocos días de mudarse a Miami, a la espera de la llegada del resto de la familia, su esposo, Alejandro, murió. El dolor, la confusión y la angustia se convirtieron en el impulso para sacar adelante a sus dos hijas y transitar una pérdida inconmensurable. Pero el duelo no visitaba a Marcela por primera vez. Diez años antes había perdido a su hijo, el día en que...