El ser y la toba se forma con las tormentas, con los derrumbes solitarios de antiguos bancales de manzanos lejos del pueblo, con el instante infinito que media entre el relámpago y el trueno. Esos lugares imperceptibles y tan hondos son ser y piedra, y un animal que lanza dentelladas porque quizá anhela ternura. Este poemario atraviesa muchas grietas y poros de piedras y personas, se infiltra en heridas y cicatrices, anega las ausencias de aquel...