Fue una manera absurda de morir, casi tragicómica, de no ser por lo desamparado del cadáver...
Así comienza esta novela en la que Agapito Cantón de Dios, de 77 años, aparece muerto en su domicilio de Madrid en el otoño de 1992. El anciano, mutilado de las dos piernas, es hallado maniatado por la espalda, con la boca llena de papeles y una toalla anudada al cuello...
Cantón de Dios resulta ser un antiguo compañero de armas de Hermann B. Hermannsso...