«Caminé lentamente por el pasillo, como si lo es- tuviera haciendo por un campo sembrado de minas. A mi izquierda había una hilera de celdas. A la derecha, una pared con barrotes de hierro empotrados, desde donde se observaban las decadentes fábricas y bodegas del distrito industrial de Puente Aranda. Sobre el suelo de baldosas yacía un hombre muerto por la onda expansiva de una granada que habían arrojado contra el pasillo. Otro, herido a bala, ...