A punto de fallecer, Paul Auster le dijo a su esposa que quería convertirse en un fantasma, regresar para ver cómo estaba, qué escribía tras su partida o cómo crecía su nieto Miles. Y eso es lo que ha llegado a ser para Siri Hustvedt, una presencia siempre palpable y reconfortante: al oler su tabaco en casa, al sumergirse en sus libros y al rememorar una historia de amor y una comunión intelectual que duró cuarenta y tres años. En su obra más per...