Dos no riñen si uno no quiere, así que como estaba solo llamé al amigo Manuel Medina, alto, enjuto, de mirada noble e inteligente, para que me echara una mano, como en tantas ocasiones en las que juntos escribíamos sketch para hacerlos en el teatro portátil Lido con el que recorríamos todas las ferias de. España. El mecanismo siempre era el mismo, buscábamos un argumento, en ocasiones incluso bajo el sofá. Cuando lo encontrábamos lo poníamos en o...