A partir de 10 años
Dos días después de la mudanza, mientras mi madre conversaba por teléfono con abuela Olga –su propia mamá, que tiene 84 años–, se enteró de algo increíble: la abuela jamás había visto el mar.
– ¡Mamá! ¡No puede ser! –exclamó escandalizada–. ¿Por qué nunca me lo dijiste?
– Nunca se presentó la ocasión y nunca nadie me lo preguntó –contestó la abuela, con su calma acostumbrada.…
Abuela Olga, para quien yo soy su niet...