Durante los dos siglos previos a la Revolución Francesa, en los suntuosos salones de Versalles y París, la elite mobiliaria cultivó un nuevo ideal de sociabilidad, regido por los buenos modales y la perfección estética. El rito central de esa sociedad mundana fue el arte de la conversación. En principio un juego destinado al placer y a la distracción, la conversación obedeció a rigurosas leyes que garantizaban la claridad, la elegancia y el respe...