Ser enviado a prisión implica la severa pena de perder la libertad y todo lo que ella conlleva. Por tanto, la ejecución de esta sanción -de por sí gravísima- no tiene porqué incluir penas adicionales; materializadas a través de tratos inhumanos o degradantes. Sin embargo, la realidad nos demuestra que, en todas las latitudes, esta forma de castigo adicional constituye algo corriente. ¿Cómo conjurar este estado de cosas? Sin duda que las medidas n...