Casi treinta años de experiencia llevaron a Thomas McCormack a detectar las tres características esenciales que debe tener quien pretenda editar novelas: sensibilidad lectora, que no es otra cosa que la capacidad para ponerse en los zapatos del lector ideal de cada tipo de obra; habilidad para diagnosticar los males de un manuscrito, sea en la estructura, en los personajes o en el lenguaje, y astucia para sugerir enmiendas que permitan al escrito...