Siempre he pensado que en esta, su primera novela de largo
aliento, Gustavo encontró el tono y el estilo que le son inconfundibles:
profético, cuestionador e hiperbólico.
Desde su publicación hasta la de El bazar de los idiotas, en
1974, habían pasado solo dos años y ya Álvarez Gardeazábal había constituido un
espacio vital donde los hombres se convulsionaban en medio de una crisis: la
violencia. Pero la violencia iba intrínsecamente ligada a un...