Las tragaperras, el bingo y los casinos son para muchos una distracción inofensiva, un vicio socialmente aceptado, lo más parecido a ir al burdel en familia. Para otros, en cambio, el juego es una experiencia extrema: erótica y mística, lúcida y absurda, una forma de enfrentarse al destino cuando ya no queda nada que perder.A punto de cumplir cuarenta años, Jorge ?periodista y lector fervoroso de Dostoievski? deambula en ese territorio ambiguo do...