No soy de lágrima fácil, salvo cuando juega el Independiente Santa Fe o miro películas del estilo de La vida es bella, y en mi ya casi larga existencia jamás habría imaginado que mi mejor llanto el más emocionado y emocionante, el más sincero y conmovedor iba a suceder por culpa de un político: un hombre que hasta la fecha había sido ministro, consejero, candidato; una verdadera figura de Estado que aparecía en las noticias desde las épocas del g...