Érase una vez un sultán que una noche de tormenta empezó a leer unos espléndidos poemas del gran Nefi. De repente, un rayo alcanzó los jardines del palacio, y el hombre pensó que aquella era una maldición. Rompió en mil pedazos las páginas del libro, las lanzó al Bósforo y ordenó la muerte del poeta. Desde entonces, las aguas de ese mar son tan negras como la tinta de aquellos poemas perdidos... Ignorancia y poder: una mezcla explosiva que puede ...