Muchos a?os despu?s, no recuerdo qui?n de vosotros puso en mis manos el Libro de . Se me dijo que apareci? entre las Actas de difuntos del arca triclave de una ciudad ya despoblada. Como una rara y pasajera sensaci?n, su cubierto, de un verde sombr?o, quiso evocarme el tacto de un musgo flotante y estancado de alg?n en los que viv?. Abr? el libro y muy despacio y emocionado, como un amante esperanzado, comenc? a pasar p?ginas de un tacto ?spero, ...