Tu eres el culpable Siempre alli sentada tras el mostrador con la cabeza baja inclinada sobre la primorosa labor Las manos largas y suaves finas y blancas moviendose agiles llevando la aguja de un lado a otro Los ojos grandes soberbios guardadores de una intensidad impresionante quietos sobre el bastidor Alzolos ahora y la divina luz de sus iris fascinadores se fijo apasionadamente en el cuerpo de un hombre de complexion atletica que ajeno a todo...
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