A sir Philip Ramon, ministro de Relaciones Exteriores, parece traerle sin cuidado la carta firmada por cuatro hombres que se autoproclaman «justos» y no dará el brazo a torcer en la presentación del proyecto de ley que regula la extradición de extranjeros. La policía de Londres está al acecho, las medidas de seguridad son máximas y ni siquiera la perspicaz prensa británica puede encontrar una pista que lleve a Manfred, Gonsalez, Pioccart y Thery,...