No sólo Mao ante las masas, sino también decenas de amas de casa armadas con escobas, decenas de maquinillas de afeitar Gillette y cientos de chocolates Mon Cheri. En un juego de percepciones en el que nada (o todo) es lo que parece, en medio de la profusión de latas de comida, productos de limpieza, coches, edificios de hormigón armado y autopistas que pueblan las obras de Thomas Bayrle (Berlín, 1937). Aclamado como una de las voces del arte p...