Como si fuera el ojo de una cámara, el narrador de Medellín trepa por los cerros, baja por las quebradas, celebra nombres y hace acopio de hábitos de ricos y de pobres, recorre con nostalgia las riberas del río, avizora el destino de la gleba entre el cemento, llega hasta la desembocadura de su principal afluente, mira lo que hay a lado y lado, hace inventario de plantas, observa el ganado. Y lo mismo ocurre con las calles y camellones, con las i...