Antaño, las nubes crujían como costales (Anaximandro). Se poetizaba sobre el sol (Heráclito), se moralizaba a los vientos y a las corrientes (Epicuro, Séneca). Se lo confundía todo: cometas, estrellas fugaces, temblores de tierra… Y los meteoros estaban en nosotros, tanto como fuera de nosotros.
Pero –en un triunfo del mecanicismo– se descubrió pronto la fábrica de los arcoíris (Descartes), el equilibrio de las presiones (Torricelli, Pascal), ...