El conocimiento científico se desarrolló de manera vertiginosa en los últimos tres siglos y ese crecimiento, unido al sentimiento de éxito en la comprensión y capacidad de manipulación de la naturaleza, creó la ilusión de que las ciencias podían ser totalmente independientes de la filosofía. Desde una perspectiva pragmática, puede decirse que esa independencia es necesaria, pues favorece el desarrollo en profundidad de las ciencias independientes...