Las planideras instruyen a sus hijas en el arte de llorar y de la improvisacion canora desde bien pequenas para que pierdan el miedo al llanto y se conviertan en su segunda voz que asi las llaman
Aprendian por imitacion replicando los gestos los rezos y los lamentos hasta que de tanto repetirlos se soltaban en llanto y eran capaces de controlarlo a su antojo Debian tener cuidado de en el fervor del dolor fingido no dejarse llevar por el Se corria...