Debbie Mullen está al límite. Durante años ha ofrecido útiles y juiciosos consejos en su columna semanal, «Querida Debbie», a la que las mujeres de Nueva Inglaterra acuden en busca de empatía y sabiduría cotidiana. Gracias a su trabajo ha escuchado a innumerables esposas ignoradas, menospreciadas o incluso maltratadas por sus maridos. Y Debbie siempre hace lo posible por guiarlas en la dirección correcta.
O, al menos, lo hacía.
Últimamente,...