El aumento de los feminicidios a nivel mundial me interpela, me duele y me abruma. Ante la impunidad y la negación, el dolor se transforma en rabia: una justa rabia que necesita ser expresada. Una rabia que reclama justicia, reparación e identificación de los mandatos que nos deshumanizan. Esta es una obra incómoda, no solo por lo que narra, sino también porque lo que relata está pasando de manera descontrolada bajo la mirada cómplice de comunida...