Llevaba menos de un año viviendo en Chalco, Estado de México, así que todavía no me acostumbraba a la nueva casa, a la Unidad Habitacional y al crecimiento urbano desordenado que, poco a poco, como gangrena, devoraba todos los vestigios de la vida rural. Mi madre seguía deprimida porque extrañaba vivir en Santa María la Ribera. Yo, al contrario, desde que me mudé aquí, apenas a 30 kilómetros de distancia, me sentía más tranquilo, como si hubiera ...