Los monasterios medievales castellanos se preocuparon por dejar constancia escrita de sus orígenes y de las reformas de su modo de vida. Así fueron construyendo y reconstruyendo su memoria, a la vez histórica, o se pretendía tal, y litúrgica. Una memoria que compartían los miembros de la comunidad monástica como instrumento para forjar su identidad, pero también destinada a persuadir a potenciales benefactores, atraer a peregrinos o situar al mon...