Intento de buen padre y fracaso de esposo responsable, Alejandro rastrea, interroga y desmembra por orden de La Dirección a supuestos subversivos para tratar de corregir su camino. En la bodega de su casa guarda los restos de las víctimas que han pasado por la justicia de sus propias manos. Allí limpia con el mismo trapo la sangre que ellas han derramado y los regueros de pintura de su hija pequeña, que tiende a salir de control. Pero él conserva...