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SINOPSIS:

La investigación es la esencia del periodismo, pero también una especialidad: su rama más aventurera y costosa, en términos de esfuerzos y de riesgos. En los últimos años, la investigación periodística creció en América Latina al hacer grandes aportes a las instituciones democráticas revelando graves casos de corrupción, muchas veces contra la voluntad del Estado y los poderes económicos y políticos responsables de esos hechos.La investigación periodística tiene las mismas exigencias que la resolución de un enigma policial. Comienza con un delito un acto de corrupción, que puede derivar hacia el robo de los caudales públicos o el crimen, cuya solución encaran seres sin otras armas que la tenacidad y la inteligencia. Y continúa con la compulsa de legajos y archivos a veces miles y miles de páginas, el cotejo de datos inusuales, la búsqueda de testimonios personales que a veces llevan a vías muertas.En las novelas policiales inglesas los delitos se esclarecían a través de laboriosas deducciones. En la realidad de la indagación periodística es imprescindible el trabajo de campo, el golpe de suerte, la confidencia, la superación de los infinitos obstáculos que suele poner el poder, ya que, por lo general, el poder está encubriendo al culpable. Como el detective de las novelas policiales más rigurosas pienso en Raymond Chandler, en Georges Simenon, y también en el abecedario de Sue Grafton, el investigador periodístico vive en estado de alerta y puede tardar meses o años en completar una nota que se lee en un día. Hay pocos trabajos más aventureros y también más desventurados. Porque en las novelas policiales los crímenes que se esclarecen encuentran siempre alguna forma de sanción, mientras que la mayoría de los delitos revelados por el periodismo se mantiene impune largo tiempo, a menudo para siempre.En las últimas dos décadas, al amparo de la corrupción enloquecida que consintieron algunos gobiernos de América Latina, los grandes diarios del continente crearon equipos de investigación a los que se debe, en buena medida, los aires más limpios que se respiran a comienzos del siglo XXI. Daniel Santoro, que encabezó uno de esos equipos en Buenos Aires, revela en este libro, con incesante generosidad, los laberínticos secretos de su trabajo.Quienes se acercan por primera vez al periodismo encontrarán aquí una pasión que puede retenerlo en el oficio para siempre. Quienes creen que ya lo conocen todo, descubrirán un camino con tantas vueltas, que no alcanza una sola vida para terminar de aprenderlas.La investigación periodística tiene las mismas exigencias que la resolución de un enigma policial. Comienza con un delito un acto de corrupción, que puede derivar hacia el robo de los caudales públicos o el crimen, cuya solución encaran seres sin otras armas que la tenacidad y la inteligencia. Y continúa con la compulsa de legajos y archivos a veces miles y miles de páginas, el cotejo de datos inusuales, la búsqueda de testimonios personales que a veces llevan a vías muertas.En las novelas policiales inglesas los delitos se esclarecían a través de laboriosas deducciones. En la realidad de la indagación periodística es imprescindible el trabajo de campo, el golpe de suerte, la confidencia, la superación de los infinitos obstáculos que suele poner el poder, ya que, por lo general, el poder está encubriendo al culpable. Como el detective de las novelas policiales más rigurosas pienso en Raymond Chandler, en Georges Simenon, y también en el abecedario de Sue Grafton, el investigador periodístico vive en estado de alerta y puede tardar meses o años en completar una nota que se lee en un día. Hay pocos trabajos más aventureros y también más desventurados. Porque en las novelas policiales los crímenes que se esclarecen encuentran siempre alguna forma de sanción, mientras que la mayoría de los delitos revelados por el periodismo se mantiene impune largo tiempo, a menudo para siempre.En las últimas dos décadas, al amparo de la corrupción enloquecida que consintieron algunos gobiernos de América Latina, los grandes diarios del continente crearon equipos de investigación a los que se debe, en buena medida, los aires más limpios que se respiran a comienzos del siglo XXI. Daniel Santoro, que encabezó uno de esos equipos en Buenos Aires, revela en este libro, con incesante generosidad, los laberínticos secretos de su trabajo.Quienes se acercan por primera vez al periodismo encontrarán aquí una pasión que puede retenerlo en el oficio para siempre. Quienes creen que ya lo conocen todo, descubrirán un camino con tantas vueltas, que no alcanza una sola vida para terminar de aprenderlas.En las novelas policiales inglesas los delitos se esclarecían a través de laboriosas deducciones. En la realidad de la indagación periodística es imprescindible el trabajo de campo, el golpe de suerte, la confidencia, la superación de los infinitos obstáculos que suele poner el poder, ya que, por lo general, el poder está encubriendo al culpable. Como el detective de las novelas policiales más rigurosas pienso en Raymond Chandler, en Georges Simenon, y también en el abecedario de Sue Grafton, el investigador periodístico vive en estado de alerta y puede tardar meses o años en completar una nota que se lee en un día. Hay pocos trabajos más aventureros y también más desventurados. Porque en las novelas policiales los crímenes que se esclarecen encuentran siempre alguna forma de sanción, mientras que la mayoría de los delitos revelados por el periodismo se mantiene impune largo tiempo, a menudo para siempre.En las últimas dos décadas, al amparo de la corrupción enloquecida que consintieron algunos gobiernos de América Latina, los grandes diarios del continente crearon equipos de investigación a los que se debe, en buena medida, los aires más limpios que se respiran a comienzos del siglo XXI. Daniel Santoro, que encabezó uno de esos equipos en Buenos Aires, revela en este libro, con incesante generosidad, los laberínticos secretos de su trabajo.Quienes se acercan por primera vez al periodismo encontrarán aquí una pasión que puede retenerlo en el oficio para siempre. Quienes creen que ya lo conocen todo, descubrirán un camino con tantas vueltas, que no alcanza una sola vida para terminar de aprenderlas.En las últimas dos décadas, al amparo de la corrupción enloquecida que consintieron algunos gobiernos de América Latina, los grandes diarios del continente crearon equipos de investigación a los que se debe, en buena medida, los aires más limpios que se respiran a comienzos del siglo XXI. Daniel Santoro, que encabezó uno de esos equipos en Buenos Aires, revela en este libro, con incesante generosidad, los laberínticos secretos de su trabajo.Quienes se acercan por primera vez al periodismo encontrarán aquí una pasión que puede retenerlo en el oficio para siempre. Quienes creen que ya lo conocen todo, descubrirán un camino con tantas vueltas, que no alcanza una sola vida para terminar de aprenderlas.Quienes se acercan por primera vez al periodismo encontrarán aquí una pasión que puede retenerlo en el oficio para siempre. Quienes creen que ya lo conocen todo, descubrirán un camino con tantas vueltas, que no alcanza una sola vida para terminar de aprenderlas.

Características:

Atributos LU
Año de Edición
2004
Descatalogado
NO
Tipo
Libro
Autor
Daniel Santoro
ISXN
9789681672416
Idioma
Español
Núm. Páginas
288
Peso (Físico)
360
Tamaño (Físico)
13.5 x 21
Título
Técnicas de investigación. Métodos desarrollados en diarios y revistas de América Latina
Libros Impresos 3x2
Botón empaque navideño
ISBN: 9789681672416
Referencia: 23777

Libro Impreso
Fondo de Cultura Económica
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