Actualmente, lo que se impone como imperativo en las urbes, lo que define el «progreso», es la venta de productos y, entre estos, los saberes están a la orden del día: dispuestos y ofertados, promocionados como si se tratara de nuevos artilugios tecnológicos. Se venden y se compran los títulos, se hacen estudios de mercado para los diplomados y se paga, incluso en moderadas cuotas, la asistencia a congresos y cursos de actualización sobre los más...