«Todo final es un principio». Clarita ha pasado treinta años trabajando en un banco, aferrada a una precisión casi invisible, en un mundo estrecho donde cada gesto está previsto de antemano. Solitaria, meticulosa y acostumbrada a ocupar poco espacio, encara su último día antes de la jubilación como quien se asoma a una frontera incierta: al otro lado no imagina una etapa nueva, sino un vacío difícil de nombrar. Pero esa jornada, que debía transcu...