Este libro no se lee, se habita y Wilfer Yepes convierte lo doméstico en territorio metafísico, sin que el gesto filosófico se imponga sobre la emoción. También hay algo muy honesto al no idealizar el hogar. No es nostalgia complaciente, es una relación constante entre el refugio y el encierro, entre la intimidad que salva y la que asfixia. Esa ambivalencia, sostenida sin resolverse del todo, es lo que hace que el libro no caiga en sentimentalism...