Suele afirmarse tras las bambalinas literarias, con respecto al cuento corto, que es un género de difícil ejecución: un perfecto artefacto, una victoria por knock-out o la punta de un iceberg; metáforas que insinúan el placer de la sorpresa, del descubrimiento, de la comprensión, que acecha en el fondo de cada relato bien logrado: esa breve serendipia, ese íntimo y gozoso eureka. Una extraña consejera en una anticuaria; una madre que olvida quién...