Un espléndido retablo sobre la vida, el amor y la muerte, como en los esperpentos de Valle-lnclán o el absurdo de Jarry o Beckett.
Desde las primeras líneas de Viaje de invierno, el singular microcosmos de Amélie Nothomb nos seduce y nos atrapa. La declaración del protagonista no admite refutación alguna: «voy a hacer estallar el avión de las 13.30». ¿Un terrorista internacional? Ni mucho menos. ¿Un mártir religioso? Tal vez... Pero la religió...